Capítulo I
Mi cuerpo se siente a hundir en la
cama, unas patadas amenazan en mi vientre con fuertes punzadas de dolores.
Retorcí mi cuerpo sobre la cama. Aún inconsciente sin abrir los ojos sabía
donde estaba, el aroma en particular solo lo tenía mi habitación y la única
cama más cómoda era esta.
Abrace a mi panza como de consuelo
sirviese. Algo húmedo fue a mi frente. Mis ojos se abrieron de par en par y la
luz me segó por completo, pestañee hasta acostumbrarme al ambiente y ver que
Ann estaba sentada en un pequeño espacio de la cama con un jarro de agua y pañuelos
húmedos listos para mí.
Un calor iba y venía con continuos
estremecimientos. Cerré mis ojos por unos momentos y mi cuerpo se hundía más
sobre el acolchado sentía como si me jalasen de la cintura hacia abajo y me
deje llevar por ello, el cansancio es abrumador.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
No soy consciente de cuanto he
dormido, solo escucho un goteo constante en mi alrededor. No tengo ni frío ni
calor,sino que me siento rara. Mis huesos me duelen y sigo con un cansancio.
Tiro de mi brazo izquierdo para
quitarme el sudor frío de la frente pero algo me detiene. Una pequeña molesta
que no puedo omitir siento que tira de mi piel, me estremezco. Miro tranquilamente a mí alrededor, las luces
están todas apagadas excepto el velador de la mesa de luz y el tenue resplandor
que sale del baño.
Mi muñeca está conectada con una
aguja que a su vez tiene suero. Una intravenosa.
¡Eso es el goteo constante que
escuchaba!
-Maldición-arranque la porquería esta, chupe la gota de sangre que salió
al quitar la aguja, friccioné con el pulgar. Apoye bien mis manos sobre la
mullida cama y me prepare para bajarme.-Que me ha pasado.
Mi cuerpo sigue estando pesado y
como si tuviese un imán en mi interior me llevase a dormir nuevamente, pero
saco la fuerza de adentro. Recojo mi bata blanca de una fina seda y encaje
asimétrico, me lo coloco. Pongo un pie más lejos del otro y de esa forma logro
caminar hasta llegar al baño. Los tonos tan claros del baño y el brillo me
hacen doler la cabeza. Miro mi reflejo sobre la enorme mesada acompañada de un
espejo.
Mis ojos lucen con inyecciones
rojas de sangre, mi piel está completamente pálida. Unas ojeras y manchas
resaltan en mi rostro. Mi aspecto es desagradable.
Todavía me siento perdida y muy poco logro
recordar que me ha pasado, pequeñas neblinas nublan mi mente, me encontré con
mi madre adoptiva esa noche, trabaje hasta tarde…regrese a casa después de ir a
buscar unos análisis en el médico. Cene con Mauricio en un restaurant…. -¿Oh
eso fue la noche anterior? –Respire hondo, exhale y moje mi cara con el agua
salía de la canilla.
-Hasta que despertaste.-Giré
bruscamente y todo volvió a dame vuelta. Unos brazos se apoderaron de mi
cintura, mi cabeza quedo sobre el pecho de aquel hombre. Olía como siempre, a
mar y hierbas mentoladas. –Con cuidado, cariño.-su mano acaricio con cuidado mi
espalda.
-¿Cuánto tiempo…he estado
inconsciente?-Mi voz temblaba, pero la camisa frente a mi boca lo ocultaba.
- Solo tres días y unas diez
horas. Pero como no podíamos levantarte y sabiendo que odias a los hospitales,
tome la decisión de que el médico dé visitas todos los días por acá, de modo
que te sientas más cómoda.-Me tiró hacia atrás-Sabes que te quiero. ¿No?
Lo estreche más a mí, en modo de
respuesta.
-Debes volver a la cama, ese suero
no te lo podías sacar y ahora que estas despierta podrás comer algo…-Seguía
hablándome de lo que paso en esos tres días que estuve en otro lado y que según
él se le hizo eterno ya que no sabía qué hacer más que esperar a que reaccionara
de manera directa. Aunque si lo hacía me tocaba mi vientre o daba vueltas de
incomodidad, por el niño. Lo dicho por el médico es que estoy en completo
estado y que solo he sufrido un tipo de alteración nerviosa que llevo acumulada
durante un tiempo, mi cuerpo lo expreso de esta manera.
Habló con un psicólogo para comenzar las terapias
con él y ver cuál es mi problema si es por el estrés de trabajo u alguna otra
cosa en la que ando mal. Estuve diciéndole que no es nada, que solo era del
puro estrés, que haré esas terapias pero no por mucho tiempo.
Y si ya que el médico decía que
estoy bien. ¿Por qué ha de esperar algo más?
Las cobijas de la cama volvieron a cubrirme,
proteste ante ellas. Fue algo imposible ya que el horario de madrugada no me
dejaría estar en otro lado de la casa que no sea esta habitación y la maldita
cama que en algún momento ame.
Estando sola en la habitación, el
silencio haciendo compañía de las tenues luces prendida, el mareo y el sueño
abatían ante mí.
Busque el control del televisor y
puse en las noticias más bajas.
-La policía
de Nueva York acaba de encontrar el cuerpo de Maite, la adolescente de diecisiete
años, que lleva desaparecida hace
aproximadamente una semana. La hallaron
apedazadas y violada dentro de una bolsa de residuo. Ella se encuentra
completamente desnuda, sus pertenencias aun no se han encontrado por el campo del crimen.
Los
familiares siguen aportando más sospechosos y testigos para seguir una búsqueda
más eficiente.-
-Deja de ver esto. Acabas de
despertar de un largo sueño.- el olor a
sopa de pollo y pan horneado inundo mis fosas nasales- Ten cuidado que está caliente.- maniobrándose
de dejarme la bandeja en mis piernas.-Le di un golpe de microondas y los
panecillos los hizo tu hermana esta tarde mientras cuidaba de ti.
-¡No me dijiste que ella ha venido!
-Ahora está en la habitación de
huéspedes, durmiendo…- me quito el control de la mano- ella estará contenta de
verte mejor, creía que mi hermana menor es insoportable pero tu hermana es
pesada. Comprendo que es desesperante el que te haya pasado algo, créeme que
también aun sigo preocupado….Pero tu hermana debería de controlarse.
-Ella es así. –tome un sorbo de
sopa. La di vueltas en mi paladar, sabia deliciosa.- Por eso la amo.
-Entiendo. Oh eso creo hacerlo,
cariño.
-Jay, se está moviendo.- cerré mis
ojos, un lastimero quejido salió de mis labios-me está pateando.-respire hondo
y abrí los ojos. Lo tenía en frente, sosteniendo las cosas por si las tiraba de
un momento al otro.
-Tranquila.
-Eso intento.-Esperé normalizarme
y retomar mi cena, almuerzo, merienda y tal vez desayuno que no tengo de hace
tiempo. Cerré mis ojos y espere a que todo se normalizase y cuando fue así
retome lo que hacía anteriormente.
-Quizás tenga hambre ella también.
-Lo doy por hecho.-con sus dedos
quito algunos mechones que se hallaban sobre mi cara, sonreí.- ya falta poco
para conocerla y tenerla con nosotros.
-Así será cariño. Será nuestra.
El día siguiente fue bueno. Mi
hermana entro corriendo a la habitación con sus pantuflas de conejito y un
holgado pijama amarillo claro para su pequeño cuerpo. Su pelo teñido en
chocolate estaba hecho una completa maraña, pero su sonrisa con los relucientes
dientes distraían más que lo otro.
Su cuerpo se tiro sobre el mío,
como cuando éramos pequeñas.
-¡Despertaste!-eufóricamente
gritó.
-Shhhh!! ¿O pretendes despertar a
toda la ciudad?- con un brazo me escabullí de debajo de ella y la abrase.- ¿Qué
demonios haces acá?-su cara se cambio a una de amargura- bueno, no quiero decir
eso, pero deberías de estar en Texas, no acá.
Su oscura mirada fue a mi gran
barriga y apoyo su cabeza allí con cuidado, sin dejar de verme.-Es obvio por lo
que estoy acá. Eres mi hermana y está bien que seas la mayor y blablablá. Pero
me has preocupado mujer!.
-No es para tanto.
-¿QUE NO ES PARA TANTO?-Gritó- ¿Es
que no te das cuenta de que has sido la bella durmiente mientras todos nosotros
estábamos preocupado por ustedes? Deberías descansar más…- se quedo en silencio
durante un momento. –Parece que se asusto, se movió bruscamente.
-Hermana, claro que se asusto. Si
estas a los gritos y sobre mi vientre.
Apoyo una mano en la cama y se
retiro de esta con un brusco salto.-Si quieres que me vaya, solo dilo y lo
haré.
Y un sentimiento egoísta cubrió mi
estado anímico, lagrimas comenzaron a
escapar, derramándose por mis mejillas y mojándome toda. Mi corazón se
apretujo en mi pecho, la falta de aire fue asfixiante.
No quiero estar sola de nuevo.
Tampoco quiero que ella esté todo el tiempo
aquí, pero después de todo lo que he pasado…
No, no lo quiero.
No puedo.
Necesito a mamá.
Hace un año que no veo a madre ni
a padre, siendo la única persona más cerca, mi hermana. Sé que puedo ir a visitarlos en navidad o en
otra ocasión, pero mi preocupación apareció cuando ella dijo que no podría
viajar más por su edad. Padre no se anima a venir solo y a mis seis meses de
embarazo tengo prohibido al subirme a un
avión.
-No te vayas-lloré y ella volvió
hacia mí para tender su mano y secar mis mejillas.
-No me iré. Aunque Gari, no estará
contento de que desaparezca por mucho tiempo.
-Se que lo hará y que tu hijo
también te extrañara. Pero puedes…?
-Sí y lo haré.-apoyó su trasero en
el borde de la cama- tengo permiso en el hospital por una semana y media. Gari estará bien con mi cuñada quien cuidara
del niño. Él te ha hecho enviado un presente.-termino de hablar y se volvió a
levantar hacia los ventanales de la pared oeste. Corrió las cortinas y la luz
ilumino todo. –Es hora de levantarse, mucha cama hace mal.
Volvía a hacer ella.
Mi hermana por ser la menor
siempre fue como la mayor. Cuando madre me tuvo a mí, prometió nunca más volver
a tener otro niño, pero al verme siempre sola, jugando en los corredores de
casa. Tomo la decisión de al llegar a
los cinco años de vida, yo tendría otra persona con la cual estar. Y así fue,
solo que se tardo un año más. Para cuando tenía seis años de edad ella llego a nuestras
vidas, lo hacíamos todo juntas y ahora de grandes fue peor la unión. Su madurez
llego antes de lo previsto e íbamos a la par, ella era la que cuidaba de mi
cuando salíamos como si yo no pudiese hacerlo por mí misma, su instinto
maternal y protector siempre presente, en cambio yo no llegaba a ese extremo.
La luz que ingresaba a su alrededor formaban un halo a
su alrededor. Estiro el acolchado que estaba en el piso, sobre el sillón. Quito
mi bata y me la acercó.
-Ponte esto.- lo cogí- yo iré a
preparar la sala.
Y se fue sin más que decir.
Me quede quieta durante unos
minutos escuchando los ruidos de la casa y viendo como se movía mi niña en mi
vientre. Parecía salida de esas películas de extraterrestre, se deformaba mi
vientre y al segundo estaba normal.
-Ya cariño, debemos levantarnos.
Ayúdame.- Friccioné con una de mis manos donde ella dejaba huellas.
A medida que bajaba las escaleras,
la luz y el aroma eran más intensos. Las paredes amarillas tomaban tonalidades
anaranjadas por las cortinas, el aroma a café y budín horneado abrían mi apetito;
mi casa, siempre limpia. Aunque no estuviese al mando de ella por unos días se
encontraba como siempre, los muebles de algarrobo sumamente brillantes, los
cristales relucientes.
Mi hermana ya cambiada con un
jeans oscuro entro en la sala, pero parte de su pijama de arriba aun lo llevaba
solo que echo un nudo en la cintura. Acomodaba los sillones blancos y sus
cojines, salía de la habitación y volvía
a entrar a esta con algo en la mano. Quede allí viéndola. Su cabello
seguía desordenado. Me senté allí en los últimos escalones, sujetada de la
baranda negra de acero.
-Ven.-Busque a otra persona, su
mirada no se dirigió a mí al llamarme. Puede que este Ann aquí y ella la este
llamando. Se fue a la cocina y volvió con el desayunador.- ¿A qué esperas, hermana?
Sonreí y con cuidado de no
resbalarme del brilloso mármol me levante y fui hacia ella.- Esperaba a que te
dieras cuenta de mi presencia.
-Lo hice, solo que…bueno, nada.
Deberías estar aquí sentada.-Señalo al esquinero del sillón lleno de
almohadones.-Ponte cómoda.
-Es mi casa.
-Lo sé-me paso una tasa con café
descafeinado -pero actúas como si no lo fuera.- a veces siento que no lo es.
-Pero lo es.
-Sí y no del modo que quiero.
-¿Y de qué modo lo quieres? Es una
casa grande esta, más no puedes pretender. –Sorbió un trago de café.- Dile a
Sebastián que quieres más. Él podrá dártelo.-se quedo en silencio unos
segundos. No hable porque sabía que ella no terminaría allí.-Desde pequeña
siempre lo quisiste todo, madre siempre se enojaba contigo, decía que eras muy
creída o ambiciosas, una de esas dos palabras eran utilizadas para
describirte….-miro su café- yo decía que ello era temporal, que sos una gran
persona. Ósea lo eres. Pero no puedes seguir así. Mírame a mi.- hizo un gesto
con las manos y bajo su tono de voz- vivo en Texas. ¿Quién lo diría? –Rodo sus
ojos.-y mi casa es tres cuarto del grande de la tuya y con ello estoy conforme.
-Pero….
No me dejo hablar. Continúo ella.
-Pero nada, Daria. Agradece el
hombre que tenéis a tu lado que con un movimiento de dedos lo tienes todo.
-Basta. No necesito saber como
están las cosas cuando puedo verlas.-suspire.-sé cómo está la realidad, el que
este aquí no significa que lo tenga todo. Y NO, NO QUIERO una puta casa más
grande que esta. Y si cuando era chica soñaba con grandes cosas y lo sigo
haciendo porque es lo que me mantiene acá. –lagrimas brotaron de mis ojos.- por
favor no me digas más nada.
-¿A qué te refieres de estar
acá?-sorprendida dejo el pocillo sobre la mesa.-tienes que decir…
-Ahora no, otro día te lo
explicare.
Un mensaje de texto llego a su
celular. Después del sonido la habitación se envolvió en un frio silencio.
Termine de tomar lo que quedaba y
me serví una rodaja de budín, lo olí. (Sí
ese es uno de mis pequeños defectos, oler la comida) en mi boca se sentía
como un algodón de azúcar, estaba bien esponjoso como me encantaba. Ellas,
Maite y madre son las únicas que saben cocinar y empleando recetas súper
secretas. Una vez intente cocinar, pero el engrudo que hice no tuvo un sabor
rico alguno y así como lo hice se me quemo en el horno. El olor rancio impregno
la casa de abuela en ese entonces. Desde allí dije que la cocina no era lo mío.
No volvimos a hablar más del tema,
ella estaba ansiosa de ver a Jaymes. Decía que nacerá antes de lo previsto,
pero yo me negaba diciéndole que nacerá si o si en dicha fecha y será una
cesárea programada. El miedo me superaba, los hechos de que más de una mujer ha
tenido problemas con la dilatación o trabajo de parto por un largo de doce
horas o más. Es preferible una anestesia local y no sentir nada.
-Jaymes. Me agrada.-retiro los
pocillos y la seguí con la mirada sus movimientos.
-Es simple, lindo y en estos últimos momentos ha pasado de moda, por
lo que es bueno de que cuando la llames no aparezcan cinco o seis niñas a la
vez.-acomode los almohadones y me senté mejor.-y nadie en la familia lleva el
nombre, ninguna prima, tía o quien fuese.
-Mi hijo se llama como la mascota
de Bob Esponja. Gari
-Lo sé.
-Creo que cuando crezca y si es
que siguen dando estos dibujitos en la tv, dirá que le arruine la vida.
-No lo creo, eso sería una
exageración. Aparte tu hijo no es feo, si fuese feo seria una burla más.
Por suerte él era hermoso como mi
hermana, si ponías una foto de bebe de mi hermana y de su hijo, duras que son
iguales. Sus mejillas sonrojadas, el pelo platinado y sus pulposos labios
rosados… y ahora que creció recién se le puede notar los rasgos del padre, sus
miradas y algunos gestos.
-Espero que no sea como el padre.
-Por lo menos sabes cómo es el
padre. Yo solo estuve un año con él.
-Sera difícil.
-Aun tengo tiempo para
ello.-coloco los pocillos en el fregadero. -Déjalo allí o en el lavavajillas,
se supone que mañana vendrá, Ann para ordenar.
-Debes cambiarte. A menos que
quieras que el médico te vea con esa ropa.
-¿A qué hora vendrá?
-A las seis.
-¿A las seis?- las visitas medicas
se supondrían que serian de mañana -¿Por qué a media tarde?
-Porque es el horario en que
estamos todos aquí, es decir tu esposo. Pero también es el horario de descanso
del médico. Le debes las gracias a Sebastián ya que nos fue difícil encontrar
un medico que quiera que estés aquí y no en un hospital. ..-cerro el lavavajillas
y se apoyo en la mesada del verde mármol – Estos días han sido complicados.